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Al borde del abismo


Desafortunadamente, los Estados Unidos se encuentran en esta situación y la única mano auxiliadora posible es la de los políticos. En ellos está el evitar el descalabro de la principal economía mundial que, en caso de caer, arrastraría con nosotros a otros muchos países y regiones. Una vez terminadas las elecciones, con victoria del Presidente Obama, nos encontramos con una situación similar a la de antes de las mismas: una cámara de representantes en manos republicanas, y un senado y presidencia del partido demócrata. A no ser que haya voluntad real de entendimiento, nadie va a poder dirigir este país en los próximos cuatro años.

La medida más urgente es llegar a un acuerdo sobre la reducción de deuda de la economía estadunidense en el próximo decenio. La forma de hacerlo tiene dos vertientes claras, la subida de ingresos y la reducción de gastos. En la forma de hacerlo esta la diferencia. El presidente Obama quiere que las clases más pudientes paguen más impuestos y reducir menos gastos de carácter social. Por el lado republicano proponen bajada de impuestos para sociedades y para todos los individuos, simplificando el código fiscal y eliminando exenciones a particulares y empresas, a la vez que se reducen gastos en todos los rubros. Si no pasa nada y la ley actual se ejecuta, todas las reducciones impositivas que vienen de la época de G.W. Bush se eliminarían. Esto último junto a un plan de reducción de gastos muy amplio produciría una bajada del PIB americano cercano al 4% en los próximos doce meses.

La semana pasada el gobernador de la Reserva Federal Ben Bernanke, en una conferencia que dio en el Club Financiero de Nueva York (NY Economic Club), hizo un llamamiento dramático al entendimiento. No hizo una propuesta concreta, pero detallo claramente lo que podía pasar si llegábamos al 31 de Diciembre sin solución al llamado “Fiscal Cliff”. Sin embargo, fue claramente optimista, y dijo que lo peor había pasado y que estaba convencido que no se llegaría al suicidio político colectivo que supondría no tomar ninguna decisión. Una de las soluciones estaría en prolongar la situación actual por unos meses más, al tiempo que el gobierno sigue financiando el astronómico déficit con tasas de interés cercanas al cero. Pero sería posponer el problema y mantendría la incertidumbre actual.

Al mismo tiempo, la situación en el viejo continente también está en un punto crítico. Se tiene que llegar a un nuevo acuerdo para mantener a flote la delicada situación de algunos de sus países miembros, así como definir y acordar de forma amplia y duradera el verdadero significado de “Unión Europea”. La negociación del presupuesto comunitario para los próximos años está poniendo sobre la mesa los problemas de fondo. Sin embargo, obligara a tomar decisiones que supongan una red de protección a las economías comunitarias de una vez por todas. El aumento del populismo y la xenofobia son riesgos existentes que se tienen que cortar de raíz, y solamente se puede hacer con mensajes claros que no dejen lugar a dudas de la dirección a largo plazo del continente.

Todo esto va a implicar que sigamos con incertidumbre y volatilidad las tres o cuatro próximas semanas. Veremos las cosas peor antes de que mejoren. Sin embargo, estoy convencido que la cordura prevalecerá sobre el sin sentido. Consecuencia de ello es que habrá muy buenas oportunidades de inversión en el corto plazo que nos ayuden a incrementar las posiciones de riesgo que habíamos reducido después del fuerte rally que vivimos hasta septiembre. Creo que será buen momento para ir incrementando posiciones en bolsa en EE.UU. y países en desarrollo, y para aquellos con un poco más de apetito de riesgo, deberían ir pensando en comenzar a invertir en Europa.

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