Abenomics versus Draghinomics


A estas alturas cualquier inversor tiene un conocimiento medio sobre las llamadas Abenomics o política de las tres flechas, con las que el todavía primer ministro, Shinzo Abe, pretende generar crecimiento a través de tres poderosas herramientas: una política monetaria muy agresiva con la que depreciar el yen y generar inflación, estímulos a la economía equivalentes al 2% del PIB nipón y reformas estructurales que afectan al mercado laboral, al sistema fiscal y a las relaciones comerciales de Japón con otros países. 

Ahora bien: la tesis que mantiene Ibra Wane, estratega sénior de Amundi, es que esta política guarda más puntos en común que diferencias con los planes que tiene Mario Draghi para cimentar la frágil recuperación económica. Dicho sea de paso, la visión de este experto es que Europa tiene un 30% de probabilidades de zambullirse en la japonización de su economía en 2015. Wane habla de una política de cuatro pilares, a la que algunos se han empezado a referir como “Draghinomics” desde la famosa reunión del BCE del mes de junio en la que anunció el primer paquete de medidas de estímulo cuantitativo. 

Estos pilares sobre los que descansa la acción (directa e indirecta) del BCE son: la política monetaria, con la que se pretende reducir los costes de financiación de las pequeñas y medianas empresas, motor esencial de las economías de la eurozona; la política financiera, con la que fortalecer el sistema bancario; la política fiscal, con la que contribuir a la reducción del déficit de la eurozona; y las reformas estructurales, con las que desencadenar mayor potencial de crecimiento. 

En opinión del experto de Amundi, juntos componen “una estrategia coherente” en la que todo encaja. La política monetaria tiene como fin la estabilidad de los precios. La financiera, construir una unión bancaria y unificar los mercados de capital. Las políticas fiscales persiguen la reactivación del gasto público y afianzar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento alcanzado en el seno de la Comisión Europea como primera piedra de la estabilidad económica europea. Finalmente, la presión que está ejerciendo sobre los gobiernos de la zona euro para que ejecuten reformas estructurales tiene un doble objetivo: alcanzar planes concretos y creíbles en el ámbito nacional por un lado, y completar el Mercado Único por el otro. 

Por el momento, a la espera de que se empiecen a notar los efectos del programa de compra de ABS y titulizaciones y de los TLTROs, una cosa sí se ha conseguido con éxito, depreciar el euro: la divisa comunitaria ha retrocedido en su cruce contra el dólar a niveles de 2012. Según cálculos del estratega, “si el euro cayera otro 10%, debería traducirse en un empujón del 12,5% para los beneficios corporativos”. Para Wane, esta ayuda extra “debería cambiar las reglas del juego, ya que la mejora de la recuperación económica vendría por la divisa y el BPA más que por la valoración, porque ya se ha producido ese ajuste”. 

Empresas

Otras noticias relacionadas


Lo más leído

Próximos eventos