A quién preferiría como asesor de inversión: ¿Hal 9000, R2-D2 o C-3PO?


Sin duda es una casualidad, pero encuentro una cierta poesía en que el nuevo episodio de Star Wars se estrene pocos días después de la publicación por las autoridades supervisoras europeas de banca (EBA), valores (ESMA) y seguros (EIOPA), las ESA en conjunto; de su consulta sobre los servicios automatizados de asesoramiento de inversión: los robo-advisor (dicho en inglés suena mejor que en español).

La consulta viene motivada por la constatación que han hecho las ESA de la creciente digitalización en el ofrecimiento de servicios financieros y en particular del fenómeno de la automatización en la prestación de servicios de asesoramiento financiero: la utilización por los consumidores de herramientas automatizadas (típicamente páginas web) para recibir recomendaciones (por ejemplo de compra o venta de productos) con escasa o ninguna intervención humana, más allá de la original para definir el algoritmo que permite al sistema emitir las recomendaciones. Lo que es particularmente relevante en un contexto en el que inquieta la prohibición de retrocesiones que podría traer MiFID 2, si es que se materializa, y su posible impacto sobre la prestación de servicios de asesoramiento.

La actitud de las ESA en esta consulta es de curiosidad expectante: están seguras de que el fenómeno no puede sino crecer, sobre todo en lo relativo al asesoramiento de inversión en valores y seguros de no-vida. Encuentran en él evidentes bondades, tanto para los consumidores: el abaratamiento del servicio; la posibilidad de que accedan a él un mayor número de consumidores; el que la experiencia de los consumidores que solicitan asesoramiento financiero sea siempre consistente -como para las entidades: el abaratamiento en el coste del servicio, el acceso a un rango mayor de consumidores, la posibilidad de proveer un mejor servicio o la posibilidad de auditar más fácilmente el servicio prestado, puesto que la automatización lo hace trazable. Pero también identifican riesgos: las entidades están expuestas a reclamaciones por el mal funcionamiento del sistema automatizado; la participación de un mayor número de intervinientes (quién idea el algoritmo o hace funcionar el sistema automatizado puede no ser quién presta el servicio) puede dificultar la asignación de responsabilidades en caso de mal funcionamiento. En cuanto a los consumidores, quizás, sin otro humano asistiéndoles en el proceso, malinterpreten el asesoramiento recibido o no sean conscientes de que sus datos personales podrían ser utilizados para fines otros que aquellos para los que el consumidor los facilitó. O podría ocurrir que ni los consumidores ni las propias instituciones financieras sean capaces de percibir los posibles límites o errores de las herramientas automatizadas.

Por eso las ESA pretenden, mediante esta consulta, recabar la opinión de los interesados tanto sobre las ventajas como sobre los riesgos percibidos, para entender mejor el fenómeno y decidir qué regulación es necesario emprender, si es que alguna; que conociendo a las ESA, lo será. Y esta regulación servirá tanto mejor sus fines cuanta más información hayan recibido las ESA para responder a la consulta.

Así que si no quiere usted tener que elegir como asesor financiero entre C-3PO, tan ceremonioso y tan dorado, Hal 9000, con tendencia a cortarle a uno el suministro de oxígeno o R2-D2 (confieso que es mi favorito) ¿qué mejor manera de emplear las vacaciones de Navidad que contestando a la consulta?

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