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¿A qué riesgos nos enfrentaremos a la vuelta de vacaciones?


TRIBUNA de Álvaro Manteca González, CFA, miembro de CFA Society Spain, y responsable de Estrategias de inversión Banca Privada, BBVA. Perteneciente a la serie Visión de Fondo del Profesional CFA.

A pesar de que el año está transcurriendo plácidamente para los activos financieros, con niveles de volatilidad muy contenidos y ausencia de correcciones significativas, no deberíamos cometer el error de caer en la complacencia, como nos ha demostrado el reciente e inconcluso episodio de tensión geopolítica entre Estados Unidos y Corea del Norte.

Los mercados financieros son grandes máquinas de descontar riesgos. De ahí la dificultad de cumplir con la máxima de comprar barato y vender caro cuando hablamos de activos financieros: cuando los riesgos percibidos son pocos, los precios reflejan este benigno escenario y se sitúan en la parte alta del rango de fluctuación. El inversor, en este caso, no ve la necesidad de desprenderse de ellos aprovechando los altos precios, porque no aprecia riesgos evidentes. Por el contrario, cuando los riesgos percibidos son muy significativos, los precios de los activos financieros están deprimidos, pero el inversor minorista no se decide a aprovecharlos, asustado por el severo escenario de riesgos que detecta.

Es, por lo tanto, muy recomendable hacer balance de los riesgos potenciales a los que nos enfrentamos los inversores ya que, en caso de materializarse, el mercado los descontaría con bajadas de precios en los activos financieros. En este sentido, durante la segunda parte del año, y más concretamente a la vuelta de las vacaciones, nos enfrentamos con un escenario de riesgos, tanto macroeconómicos como políticos, que podría complicarse.

Empezando con los riesgos geopolíticos, el más evidente e inmediato es la escalada de tensión entre Estados Unidos y Corea del Norte. Dado el carácter imprevisible de los líderes de ambos países, no puede descartarse una evolución negativa a corto plazo, que podría desembocar en un conflicto bélico. La relativamente modesta reacción de los mercados durante los últimos días, nos demuestra la extrema dificultad de descontar los efectos económicos que tendría una confrontación nuclear entre Corea del Norte y Estados Unidos. En cualquier caso, los expertos en geopolítica asignan una escasa probabilidad a que se materialice el escenario de riesgo.

Por otra parte, las tensiones entre Estados Unidos y otros países como Rusia o China seguirán estando presentes durante los próximos meses. Asimismo, la crisis migratoria, a pesar de que parece haberse moderado recientemente, podría seguir potenciando descontento social en varios países europeos.

También son varios los riesgos políticos que serán evidentes a partir del verano, con las elecciones en Alemania como cita fundamental. El principal riesgo en este caso es el triunfo de partidos radicales y anti europeístas. Las tendencias nacionalistas se nutren del fracaso de los partidos tradicionales a la hora de atender las demandas de segmentos importantes del electorado y así fomentan el populismo. Por otra parte, los resultados electorales son cada vez más imprevisibles ante la escasa fiabilidad de los sondeos. Además, los partidos tradicionales podrían verse tentados a adoptar políticas para atraer a los simpatizantes del populismo, aumentando la incertidumbre política. En otro orden de cosas, la crisis en Venezuela y el progresivo desarrollo de las negociaciones sobre el Brexit serán otros factores políticos a los que prestarán atención los inversores durante los próximos meses.

Los riesgos económicos más evidentes tienen que ver con una pérdida de impulso macroeconómico global en la parte final del año. De momento, no tenemos señales que nos alerten en este sentido: de cara al tercer trimestre, los últimos datos que vamos conociendo avalan el mantenimiento de la actividad en Europa, aunque con una ligerísima tendencia a la desaceleración. Asimismo, parece que la economía estadounidense mantendrá su ritmo de expansión en el tercer trimestre del año. En cuanto a China, los datos recientes apuntan al mantenimiento de la actividad, sobre todo como consecuencia del reciente impulso fiscal. No obstante, se ha estancado el proceso de reequilibrio hacia una economía liderada por el consumo interno y el sector servicios. Podemos decir, por lo tanto, que los motores que impulsan actualmente a la economía china siguen siendo las exportaciones y la inversión en infraestructuras. Por otra parte, los esfuerzos de las autoridades chinas para frenar el excesivo apalancamiento privado podrían derivar en un proceso desordenado, con efectos negativos sobre el crecimiento del país.

Tampoco podemos olvidarnos del efecto de las decisiones que tomarán los bancos centrales y de posibles errores de política monetaria. El fracaso en la implementación de los planes de estímulo fiscal por parte de la administración Trump, ha supuesto un freno a las expectativas de inflación a largo plazo, que han pasado del 2,10% en enero al 1,80% en el mes de agosto. Esto deja algún margen adicional a la Reserva Federal que, no obstante, no parece que se esté planteando renunciar a su paulatina normalización monetaria. Actualmente, los mercados están descontando una subida de 25 puntos básicos en 2018 y otra en 2019, muy lejos de las tres subidas anuales que anticipan los propios miembros del FOMC. El posible ajuste de expectativas a lo largo de la curva de tipos estadounidense podría tener también efectos negativos sobre los precios de otras clases de activo.

En cuanto al BCE, el interés de los inversores se centra ahora en el momento en el que anunciará la progresiva retirada de los programas de compra de bonos. La reunión del mes de septiembre puede ser la fecha elegida por la institución para informar a los mercados de sus intenciones. En cualquier caso, los bancos centrales se enfrentan al reto de retirar de forma progresiva los enormes estímulos monetarios puestos en funcionamiento durante los años de la crisis, sin penalizar la actividad ni las expectativas de los agentes económicos. Un error de política monetaria es uno de los riesgos más evidentes a los que nos podríamos enfrentar en las próximas semanas.

En definitiva, tendremos que estar muy pendientes de la evolución futura de estos factores de riesgo, aunque no debemos olvidar que la experiencia nos enseña que suelen ser los cisnes negros, o los riesgos que no habían sido anticipados por los mercados, los que tienen unos efectos más negativos sobre la actividad económica y, por ende, sobre los precios de los activos financieros.

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