“A la hora de invertir en renta fija ya no bastan los fundamentales; es necesario prestar mucha más atención a los factores técnicos”


En los últimos años, las políticas expansivas aplicadas por los bancos centrales han tenido una serie de consecuencias imprevistas. Una de ellas es la cantidad de dinero presente en el sistema. “Hay más dinero en el mundo. Desde la crisis financiera, los bancos centrales han inundado los mercados de liquidez, y no parece que vayan a dejar de hacerlo en el corto plazo”, asegura Raman Srivastava, codirector de inversiones en Standish (filial de BNY Mellon IM). Según el experto, el resultado es el actual universo de bajos cupones -o incluso negativos-, que está creando tanto retos como oportunidades de inversión. Es de sobra conocido que una consecuencia de la famosa búsqueda de rentabilidad por parte de los inversores ha sido el flujo considerable y sostenido de capital hacia los activos high yield. Sin embargo, lo que quizá sea menos conocido es el grado de crecimiento a largo plazo en los mercados de deuda high yield.

Los flujos anuales netos en esta clase de activo han sido positivos en 17 de los últimos 23 años, habiéndose producido salidas netas solamente en seis de ellos. Al mismo tiempo, la presencia de inversores particulares en la clase de activo se ha disparado. Según datos de Morgan Stanley, alrededor de un 20% de la deuda high yield estadounidense se halla en manos de fondos de inversión colectiva o de fondos cotizados (ETF); en 1993, dicho porcentaje era del 5%. “La participación de los inversores minoristas en el mercado no había sido nunca tan alta como ahora”. Este crecimiento generalizado de los niveles de deuda ha venido acompañado de un descenso casi proporcional de la capacidad del mercado para soportar las entradas y salidas, ya que la mayor regulación –como por ejemplo Basilea III– ha limitado la capacidad de los bancos para acumular existencias.

“A medida que ha crecido el mercado, la cantidad de capital a disposición de los intermediarios para negociar renta fija ha disminuido. La liquidez de los mercados de bonos respecto a los de renta variable siempre ha sido baja, pero ahora especialmente”, afirma el experto. Esta tendencia se ve reflejada en la frecuencia de las operaciones de deuda frente a las de acciones. En enero de 2015, por ejemplo, el porcentaje de acciones con cero operaciones en la Bolsa de Nueva York era del 0,1%. En el caso de los bonos, dicha cifra era del 53%. Al mismo tiempo, el porcentaje de acciones con más de 25 operaciones diarias era del 99,7%, frente a un 0,4% para la deuda.

Pero, ¿qué puede hacerse con esta información? Srivastava afirma que los inversores deben tener en cuenta las implicaciones de este nuevo entorno. En Standish han optado por plantearse sus asignaciones por clase de activo de forma más táctica. “A la hora de invertir en renta fija ya no basta con concentrarse en los fundamentales; es necesario prestar mucha más atención a los factores técnicos”, comenta. Un ejemplo fue el famoso taper tantrum de 2013, la respuesta negativa del mercado ante los comentarios del entonces presidente de la Reserva Federal estadounidense, Ben Bernanke, sobre la reducción gradual del programa de flexibilización cuantitativa (QE). El episodio provocó una salida repentina de capital inversor del universo high yield y un considerable ensanchamiento de los diferenciales de estos bonos.

“Unido a la menor liquidez en todo el mercado, este tipo de acontecimientos técnicos crean un entorno en que los mercados son susceptibles de responder de forma desproporcionada”, explica. “Ahora que es mucho más difícil negociar, los reembolsos en algunos de estos títulos conducen a movimientos exagerados. Como inversores, debemos ser capaces de responder a ello y ser más ágiles en nuestras asignaciones de cartera”. En consecuencia, el experto considera que, en un mundo anegado en liquidez, los inversores deberán adoptar un enfoque de asignación de activos más sofisticado.

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