2015, un año de inversión para “agnósticos”


Después de varios años con volatilidades a la baja, en 2015 éstas deberían aumentar en los mercados de divisas, renta fija y renta variable. Fundamentalmente si, como todo hace indicar, el régimen de “represión” sobre la libre fijación de precios (impulsado por los bancos centrales) toca a su fin.

Ello supondrá, de materializarse, la apertura de un nuevo escenario con profundas consecuencias para los mercados como los mayores movimientos de rango de fluctuación de los activos más que la tendencias de fondo de los mismos, de forma que habrá más que ganar (y perder) con decisiones tácticas que con la tendencia de fondo (con la posible excepción del cambio euro-dólar y del precio de los bonos americanos, ambos dirigidos a la baja).

Del mismo modo, y debido a este contexto, consideramos que habrá que buscar la “convexidad”. Es decir, apostar con pérdidas limitadas frente a su potencial de ganancia (largos de volatilidad), a la vez que podremos aprovechar para vender opciones en repuntes extremos de volatilidad.

Por último, y aunque pueda ser menos evidente, habrá que estar atentos al cambio en el perfil riesgo/rentabilidad de los activos de riesgo (extremadamente favorable en el caso de los bonos de gobierno, del crédito y de la bolsa en USA) y el impacto que ello pueda tener en las actuaciones de ciertos actores en el mercado. Por ejemplo, los gestores de hedge fund o inversores apalancados podrían verse forzados a reducir su exposición neta de sus carteras en caso de una corrección de mercado más profunda de las experimentadas en los últimos tres años.

Por todo ello, desde Arcano consideramos que 2015 no será un año para posicionamientos de inversión extremos como “largo de dólar”, “corto del treasury” o “el año de las bolsas europeas”. Y mucho menos, que se deba adoptar un perfil inversor que trate de compensar los menores retornos esperados con una mayor asunción de riesgo. Quizá no resulte muy sugerente un enfoque de cartera basado en un buen colchón de liquidez y un posicionamiento “agnóstico” que no trata de anticiparse a los acontecimientos (más bien de reaccionar con agilidad y contundencia a los mismos), pero entendemos que mitiga notablemente el riesgo de pérdidas significativas, algo que después de cinco años de mercados alcistas y en un entorno de inflación cero debería ser la principal preocupación para un inversor a largo plazo.

Considerando todo lo anterior, nuestro escenario central para los primeros meses de 2015 contempla ser cautos en los activos ligados al precio del petróleo como algunos emisores de HY y emergentes; y entorno de continuidad o incluso ligera caída de rentabilidad de los bonos –a pesar de las valoraciones- en un contexto en el que pensamos el BCE tomará medidas adicionales de expansión cuantitativa (QE).

En la zona euro, los episodios de mayor volatilidad estarán vinculados a eventos políticos locales, siendo éstos una oportunidad de compra táctica en las carteras. Este enfoque seguirá favoreciendo la renta fija periférica y la de los bancos.

El papel de la FED, por muy suave y paulatina que sea su retórica, afectará negativamente a los activos de riesgo (especialmente de países emergentes) sirviendo de catalizador para una corrección más profunda del mercado. Los países emergentes, por tanto, serán menos atractivos que los desarrollados entre otros motivos por la subida de tipos de la FED, sus riesgos geopolíticos, guerra de divisas o la presión a la baja de las materias primas. No obstante, ello ayudará a acentuar la diferenciación entre unas economías y otras y habrá oportunidades específicas que premiarán a los gestores que no traten a los “emergentes” como un bloque homogéneo.

Por último, creemos que el dólar seguirá reforzándose frente al euro pero a un ritmo menor que el de los últimos seis meses. De esta forma, mantendríamos una exposición al dólar constante y en línea con el nivel estructural de cada inversor pero monitorizándolo para valorar cuando la tendencia perderá fuelle.

2015 será sin duda un año lleno de desafíos, donde habrá que ir adaptándose a un entorno cada vez más cambiante y donde el buen asesoramiento financiero consistirá tanto en recomendar qué inversiones evitar como cuáles hacer, pudiendo demostrar su valor para toda clase de inversores.

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